Tres días sin reloj ni programa, sobre la arena de Langosta, a las puertas del parque marino Las Baulas. Según el estado de ánimo: kayak, snorkel, windsurf, tenis, voleibol de playa — o la estricta alternancia tumbona-baño-buffet. Los restaurantes del hotel pasan del buffet a mesas a la carta italiana y japonesa, bebidas locales siempre incluidas, y el spa cuida los músculos aún doloridos de Corcovado. El pueblo de Tamarindo, muy cerca, merece el paseo por sus spots de surf y su ambiente relajado.
¿Ganas de escapar? El hotel ofrece excursiones a la carta: catamarán al atardecer, estuario en kayak, salida de snorkel (costo en el lugar).