Día libre entre bosque y océano. Los senderos de la reserva albergan unas cuarenta especies de aves, monos, perezosos; la playa, a menudo desierta, invita a bañarse. Y si vienes de diciembre a marzo o de julio a noviembre, mantén los ojos abiertos al mar: las ballenas jorobadas se cruzan en estas aguas tranquilas con sus crías — a veces se las puede ver desde la terraza del restaurante.
A la carta hoy (costo adicional en el sitio, sujeto a disponibilidad): salida de snorkel o buceo, crucero de observación de cetáceos, kayak en el manglar o excursión a las cataratas de Nauyaca.